Villa Alegría

Blog de opinión política

La desunión andaluza

A continuación podéis leer un artículo que escribí en otro blog en octubre de 2006. Desgraciadamente, a excepción de algunas referencias a determinadas fechas, sigue teniendo una vigencia total. Es más, yo diría que el problema en cuestión va a peor:

Es curioso que en muchos lugares, por muy distintos que éstos sean, ocurren las mismas cosas. Ejemplo de ello son los típicos enfrentamientos que surgen entre pueblos, ciudades, comarcas, provincias o países vecinos.

En el caso concreto de Andalucía, a veces la rivalidad entre ciudades y provincias no es la común, sino que sobrepasa los límites de lo que podríamos considerar como normal. La confrontación entre provincias es evidente, la mayoría de ellas acusan a la sevillana de enriquecerse a costa del resto y de centralismo. De la misma manera, las provincias más orientales protestan por su mayor nivel de pobreza con respecto a las occidentales, y por supuesto, culpan de todo ello al gobierno de la Junta de Andalucía.

No es de extrañar entonces que exista tanta desunión entre los andaluces, y lo que es más grave, tanto odio. ¿Alguien conoce algún sevillano que no haya recibido algún insulto de otro andaluz por el simple hecho de ser de Sevilla? Todos estos enfrentamientos son desmesurados desde luego. Pero la pregunta clave es: ¿Son tan graves los desiquilibrios y el centralismo en Andalucía en comparación con otros territorios?

Vayamos por partes, en Andalucía sí existen desiquilibrios. En términos globales, la mitad occidental está más industrializada que la oriental, y en general, las comarcas interiores son más pobres que las que están más próximas a la costa o a las capitales de provincia. Eso sí, hay que tener en cuenta que estos desiquilibrios no nacieron con la autonomía hace 28 años [hoy, 31 años], sino que ya venían existiendo desde hace decadas y desde hace algún que otro siglo.

Parece necesario recordar que en Andalucía tenemos autonomía, pero no independencia. Eso significa que los dineros que aquí recibimos no vienen sólo del gobierno andaluz, sino que también los recibimos del español. En estos 28 años [hoy, 31 años] los gobiernos andaluces habrán disminuido o acentuado levemente esas diferencias, pero los gobiernos españoles son los máximos responsables sin ninguna duda, pues nos gobiernan desde hace siglos. Entonces, ¿Por qué ese afán por demonizar únicamente a las instituciones andaluzas?, ¿por qué nadie habla de la responsabilidad de las instituciones españolas?

Por otro lado, en Andalucía también existe centralismo. Pero insisto en la idea de que no es comparable el centralismo de Sevilla con el de Madrid, por ejemplo. Sevilla es un gran motor de la economía andaluza que aporta gran riqueza al conjunto de Andalucía, y que además, lleva 17 años con un nivel de inversiones por debajo de la media andaluza [referencia noticia actual]. En cambio Madrid, no es de los que más aporta al conjunto de España pero recibe el 30% de las inversiones de los presupuestos generales del estado (Si Madrid se lleva el 30% y Cataluña casi el 18%, el 52 nos queda al resto).

¿La rivalidad entre andaluces es proporcionada o es exagerada?, ¿es natural o es provocada?, ¿a quién le podría interesar fomentar la rivalidad para dividir a los andaluces?, ¿a quién le interesa que Andalucía continue desunida?

En potencia, Andalucía es un país con un enorme peso político en el conjunto del estado. Uno de los principales factores que hacen esto posible es el poblacional. Andalucía es la comunidad autónoma más poblada de España y sus 8 millones de habitantes suponen el 18% de la población total del estado. Además, su extensión de 90.000 km² la hace equiparable a la de muchos otros países europeos.

Pero seguramente el factor que más ha otorgado peso político a Andalucía en los últimos tiempos fue la lucha por la autonomía durante los años de la transición a la democracia. La unión entre andaluces, sin precedentes, hizo tambalear los cimientos de un estado que discriminó una vez más a Andalucía al negarle, esta vez, la posibilidad de la autonomía plena y del autogobierno. Tras conseguirla, el gobierno que le negaba a Andalucía sus derechos dejó de gobernar, y el partido en el poder desapareció de la escena política hasta desintegrarse.

Con estos precedentes, es fácil imaginarse a quién no le interesa que Andalucía esté unida. Hoy como ayer, el sector más centralista y pro españolista de la clase política se encarga día a día de separar a los andaluces con el objetivo de que Andalucía se ahoge en sus luchas intestinas, sea anulada su capacidad para revelarse ante cualquier injusticia y fagocitada su identidad común como pueblo.

Una Andalucía unida consciente de su potencial político, cultural y humano es el mayor enemigo del poder establecido. Si la unión de andaluces entrase en escena, el equilibrio de poder en España cambiaría, y muchos de los que ahora duermen plácidamente padecerían insomnio crónico.

“Será entonces, cuando todos los andaluces conozcan su verdadera historia y esencia; cuando logremos llegar a obtener el poder necesario para exigir el respeto a nuestra personalidad tan diferente de aquella que tratan de imponernos, y en cierta forma, la han hecho asimilar a nuestro desgraciado pueblo (…) tratando de matar previamente la nuestra.” Blas Infante

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